#9. Déja vù

 DÉJA VÙ

 


Oigo a los niños chapotear en la orilla, a doscientos metros. No los veo por no apartar la vista de ese crucero. Llevo un rato contemplando ese crucero de ahí…

Espera. Esto ya lo he vivido. Debe ser un déja vù, o como se diga. Claro, un traspié cerebral. La cosa es que acabo de tener otro. Justo cuando pensaba que si miraba el gintónic… Mierda, otro más. Tres déja vùes seguidos. Eso es harto improbable. Tal vez sea el mismo. ¿Cuánto dura un déja vù? Malditas gafas. Otro más. Nacarada cárcel. ¡Joder! La cosa es que oigo a los niños chapotear, ahí, a doscientos metros. Si no los veo… ¿cómo sé que están a doscientos metros? Ah, claro, porque los oigo. Tal vez no sean niños sino recuerdos chapoteando. Espera. Ahora sí que se ha movido.

 No. No puede ser, se ha movido hacia atrás y los barcos solo van hacia delante, o eso creo, si no a qué fin esa hidrodinámica distinción entre proa y popa. Si pudiera mirar al gintónic podría verificar el correcto movimiento de las cosas. Las gotitas de condensación deberían bajar, las burbujas subir. De lo contrario sería perfectamente normal que el crucero navegara hacia atrás. Aun sin ver el gintónic, este razonamiento me confirma que no he perdido la lucidez. He sido yo, que he movido un pie sin querer.

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